CHICHICASTENANGO, UNA BABEL FOLKLÓRICA

 

En el departamento de Quiché a 145 kilómetros de la ciudad capital se encuentra el pintoresco municipio de Chichicastenango. Con una población mayoritariamente indígena, guarda dentro de sus estrechas calles la fusión colonial y la visión ancestral de sus raíces. Su imperioso pasado se descubre majestuoso en los escritos del Popol Vuh, libro sagrado de los k'iche'es que también es conocido como Manuscrito de Chichicastenango.
El acceso hacia este lugar lleno de color y tradición se hace por medio de la Carretera Interamericana CA-1, el trayecto está asfaltado y las señales de tránsito orientan muy bien el recorrido que se proyecta en una topografía llena de pendientes. La sinuosidad del camino y lo pronunciado de sus ganchos debe ser considerado para conducir con prudencia.

En casi todo el trayecto se escuchan bocinas de los otros vehículos que circulan en vía contraria y que anuncian diligentemente su paso en la próxima curva, por lo que el viajero debe disminuir prudentemente la marcha. Es una costumbre que le ahorrará sustos innecesarios.

El paisaje se caracteriza por el verdor de la región, de intenso contraste con el color de las casitas que se esparcen por las laderas, y con los rebaños de ovejas, vacas y cabras.

Como en otras regiones, a lo largo del camino es usual encontrar un rebaño de ovejas pastando apaciblemente bajo la mirada protectora de un grupo de jovencitas que saludan al paso. Sus habitantes jamás niegan una sonrisa o un dato que oriente. No obstante, tomar fotografías sin previa autorización es poco recomendable, especialmente si el objetivo son niños o niñas.


En la plaza

Pintoresca y singular emerge del poblado la estructura de la iglesia, que desde el tiempo de la colonia combina las visiones religiosas de la perspectiva paralela de dos mundos sin fronteras.


En su ascenso al graderío de camino al atrio del templo te recibirá un acentuado olor a incienso, copal y uno que otro personaje ataviado con vistosos trajes, embebido en su ritual cotidiano que combina el cristianismo y el culto a las deidades de sus antepasados.

En su interior se aprecian imágenes de algunos santos que recorren las calles en procesión, a quienes los lugareños colocan con alfileres sobre su vestuario billetes de diferentes denominaciones en agradecimiento a los favores recibidos.

Peculiar es el recorrido del pasillo central de la nave de la iglesia donde se encuentran lozas en las que los indígenas colocan sus velas, pétalos de flores y a veces una que otra semilla, todo al compás de los rezos encadenados de alguna mujer arrodillada en espera del favor pedido.
Silenciosos le acompañan un retablo de madera ya ahumado por las velas y otras imágenes enclaustradas en vitrinas.

A los pies de la iglesia, alrededor de la plaza, se aproxima el colorido mercado con productos de diferentes puntos de la República, con especial énfasis en las artesanías, tejidos, cerámica, collares, zapatos, bolsos, sombreros, pañuelos y los platillos propios de la región, presentados en hojas de maíz y plátano.

Robustecido por los años, este peculiar mercado proporciona al visitante un recibimiento en diversos idiomas, desde los acompasados ritmos del k'iche', pasando por el español, el inglés y el francés. La negociación de los objetos de su interés pueden adquirirse al son del regateo con los comerciantes.


Con el murmullo inagotable de la diversidad de idiomas que rememoran una historia de Babel, visitar Chichicastenango es siempre una experiencia que te dejará con ansias de regresar.

* Fuente: http://www.prensalibre.com

 

 

 

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